¿Por qué el dólar ha caído tanto tras la subida de tipos?

Cómo han cambiado los tiempos. Antes de la era digital, cuando un banco central subía los tipos de interés, lo lógico y esperado era que la moneda tuviera una apreciación frente a las que no habían movido los tipos. El razonamiento es claro, hay más demanda de la divisa que ha subido tipos porque la remuneración que obtendré será superior. Tipos de interés y tipos de cambio corrían paralelos. Sin embargo, eso ya no es así. Para ejemplo, ved lo que ha sucedido esta semana con el dólar. Probablemente acabe la sesión de hoy con una pérdida del 2% con respecto al euro. Eso, en el mercado de divisas –que mueve miles de millones al día- es una barbaridad. ¿Y por qué ha caído el dólar? Sencillamente, por lo que acabamos de explicar… pero al revés. El miércoles la Reserva Federal decidía subir un cuarto de punto el tipo de interés y anunciaba que durante este año se producirán dos subidas más, cabe esperar que del mismo recorrido. Con la lógica anterior, ante la pasividad anunciada del BCE, que dice no va a tocar tipos hasta bien entrado el 2018, debía haber desencadenado una compra de dólares y venta de euros, lo que debía haber revalorizado el billete verse y desvalorizado la moneda única. Pero ya veis, ha sucedido lo contrario y de forma violenta.

Habitualmente, cuando suben tipos, también suele suceder  que las bolsas bajen, por aquello de un trasvase de valores de renta variable hacia los de renta fija, mejor remunerados. Sin embargo, tampoco ha sucedido, a pesar de que la bolsa de Estados Unidos está en máximos históricos y muy cara en términos de PER (relación entre cotización/beneficio), aproximadamente en el 28 frente a una media histórica del 16. Pues, no. La bolsa sigue para arriba.

¿Qué está pasando? Sencillamente algo que es clave en el mundo financiero: las expectativas. Sucede que desde la aparición de Trump y la definición de su política expansiva en obras públicas y de proteccionismo, muchos analistas pensaron que esto derivaría necesariamente en mayor déficit, por un lado, y en una subida de precios interna. En ambos casos, siguieron razonando, la Reserva Federal deberá intervenir enérgicamente subiendo los tipos de interés para frenar los desequilibrios que ambas decisiones de Trump generarían en el mercado. Y apostaron por ello, comprando dólares a mansalva, ante la eventualidad de que esta fuerte subida lo revalorizara.

Y se equivocaron. La señora Yellen, subió los tipos lo que se esperaba y dio una pauta de subidas para 2017 muy inferior de lo que muchos analistas habían pensado. A la vista de ello, sobraban en sus carteras los dólares que habían comprado y, claro, los pusieron a la venta. El alud de ventas instantáneo que se produjo se tradujo en una caída del billete verde, hasta alcanzar este 2% en menos de una semana.

Hasta que no se produzca el reequilibrio habrá bandazos en el mercado de divisas. Cuando se alcance, las cosas se normalizarán y lo lógico es que la moneda mejor remunerada recupere su mayor fortaleza.

Pero hay otro hecho intangible que también ha jugado en este caso. La subida de tipos de la Fed, es un indicador de que las cosas se van normalizando en Estados Unidos y que la economía recupera la fortaleza perdida, o por lo menos así lo interpreta la autoridad monetaria, que, por definición, es la mejor informada sobre la situación real de la economía del país. Por ello la bolsa también ha reaccionado en sentido contrario al que cabía esperar tras una subida de tipos.

De todos modos, no se debe olvidar que estamos sobre un volcán monetario. Nunca antes había habido tanto dinero puesto en circulación por los bancos centrales. Es bueno que empiece a recuperarse la normalidad, pero no existen referencias pasadas sobre lo que pueda ocurrir, por ejemplo, cuando se empiece a retirar dinero de la circulación por parte de los bancos centrales. La cautela deberá ser máxima, porque la normalización pasa por este camino, y las sorpresas nadie puede descartarlas. Estamos desde que se decidió combatir la crisis por tierra mar y aire, con todos los recursos posibles, por definición,  en un terreno desconocido…

 

“Me conformo con ganar al mes un minuto de su vida”

El titular no es mío. Me lo sugirió ayer -al responder un tuit en el que comentaba las ganancias por dividendos de Amancio Ortega que se elevarán este año a 2.379 euros por minuto- una estudiante que está acabando la carrera de comunicación e industrias culturales en la UB. Amanda decía “yo me conformaría ganando al mes un minuto de su vida”, . Me hizo pensar que muchos jóvenes no ganan ni medio minuto de vida del todopoderoso dueño de Zara y, por supuesto, aún menos, 20 segundos. Diréis que es una exageración compararse con el hombre más rico de España y uno de los más ricos del mundo, lo acepto. Pero podría hacerse, por ejemplo, con otra gente menos conocida, como los directivos de TMB, cuyos salarios se han conocido en días pasados –muy por encima de los 100.000 euros- y extrapolando la relación que hacía Amanda, saldrían un par o tres de días de ellos por un mes de trabajo de un joven.

Lo peor del caso es que hablamos mucho de ello pero la tendencia se mantiene desde que entramos en la deflación competitiva en los salarios, al estar amarrados exteriormente por la rigidez del euro. Hoy hemos sabido que el coste laboral medio por trabajador y mes (que incluye las remuneraciones y las cotizaciones sociales) ascendió a 2.649,9 euros en el cuarto trimestre de 2016, lo que supone un descenso del 0,8% respecto al mismo periodo de 2015, según el INE. Con este recorte interanual, el más pronunciado desde el primer trimestre de 2013, el coste laboral encadena cuatro trimestres consecutivos en negativo después de caer un 0,2% en el primer trimestre de 2016, un 0,1% en el segundo y un 0,5% en el tercero. ¿Hasta cuando?

Cierto que ya hay voces empresariales que piden una reversión de esta tendencia –porque atenta directamente al consumo futuro de sus productos- pero nadie acaba de dar un primer paso con firmeza…

Con las diferentes caídas de salarios según niveles de remuneración –los menores caen más-, las desigualdades de rentas entre los españoles se están ampliando. Eurostat coloca a España como el país de la UE-15 donde más han crecido estas desigualdades en los años de crisis (2008-2015) y donde más altas son. La diferencia entre el 10% que más gana y el 10% que menos gana, superamos las 5,5 veces, frente a las 5 de Gracia o a las 4,8 de Portugal que nos siguen, pero muy lejos del 3 de Dinamarca u Holanda. Con la crisis también somos el país donde más ha crecido la desigualdad (más de un punto). Eurostat utiliza también otro método para medirla, el índice de Gini, que sigue colocándonos en el furgón de cola europeo en la desigualdad.

¿Que les espera a Amanda y sus amigos cuando el curso que viene afronten la realidad del mercado laboral con el título bajo el brazo? Pues una situación complicada. Al margen de los problemas propios del sector  deberán enfrentarse a otra tendencia que está tomando cuerpo entre los directores de recursos humanos de grandes empresas mundiales. En el pasado Foro de Davos, el CEO mundial de Adecco, una de las compañías de recursos humanos más importantes del mundo, aseguraba en una entrevista que “dada la rapidez con la que se producen los cambios, el viejo paradigma de estudiar una carrera seguida por una trayectoria en ese campo ya no funcionará. Hoy aprender a lo largo de toda la vida es una obligación, y está en las manos de los empleadores y de los gobiernos invertir en formación, y en la de los empleados comprometerse para actualizar constantemente sus habilidades”.

No menos tajante fue el jefe de recursos humanos de Google, una compañía que era famosa por pedir a todos sus candidatos un brillante expediente académico y una puntuación elevada en determinadas pruebas, al asegurar que “una de las cosas que hemos aprendido tras analizar todos los datos de nuestro proceso de selección es que el expediente académico y la puntuación de los candidatos en los tests son inútiles como criterio de contratación”. Lo que nos están diciendo es que los tiros van por otro lado: por el de primar las habilidades. El CEO de Adecco apuntaba la clave: “Las habilidades duras son fundamentales, pero es incluso más importante que los estudiantes aprendan a aprender y se centren en habilidades blandas cruciales como la flexibilidad y la capacidad de adaptarse al cambio”.

Puede que Amanda y sus amigos no acaben de entender porque se les dice que debían aplicarse en estudiar cada vez más. Por cierto, ¿dónde enseñan a adaptarse al cambio? A mi no me extraña, tengo unos cuantos años más que ellos… y también me cuesta de entender.