El 20% de ofertas laborales de 2016 en Catalunya no requerían estudios. No me gusta

La OCDE reclama ahora a España empleo de calidad para reducir la desigualdad. El discurso de la OCDE respecto a España ha cambiado. Ya no se trata solo de crear empleo. Después de dos años con la economía expandiéndose por encima del 3% y de haber recuperado más de un millón de los puestos de trabajo destruidos durante la crisis, ahora la OCDE alerta sobre la necesidad de seguir creciendo, pero de forma que se vaya cerrando la amplia brecha existente en la riqueza de la sociedad. Es lo que le toca decir ahora. Pero, lamentablemente, no dice cómo se debe hacer, más allá de aconsejar –eso sí- que se inviertan más recursos para luchar contra la pobreza y el paro. ¿Qué recursos? ¿De dónde salen? Y no dice nada más concreto, porque sabe que es muy difícil. Tan difícil como cambiar de un día para otro el famoso modelo de crecimiento económico del país, que lógicamente debería preceder al cambio que pide la OCDE. De cualquier forma, con esta admonición, la institución internacional ha cubierto el expediente, ha quedado bien… y a otra cosa mariposa.

¿Hay alguien que no esté de acuerdo en mejorar el nivel de empleo en nuestro país? ¿y en la calidad del mismo? Sería estúpido pensar que existiera. Sin embargo, la realidad es tozuda y se empeña en mostrar una cara que no nos gusta. ¿Queréis saber lo que piden las empresas? Pues sirva como ejemplo, lo que sucede en Catalunya, limitado, eso sí, a las ofertas registradas en las oficinas de servicios públicos de empleo (SOC) con puesto de trabajo en Catalunya. ¿Qué habrá un sesgo, porque nadie va a buscar a través del SOC a los cracs? Seguro que lo hay, pero también es cierto que es una muestra válida para ver la tendencia global por dónde va el mercado. Además, no hay tantas…

Bien, veamos que sucedió en el año 2016. De entrada se notó una subida en el número de ofertas, como corresponde a la mejora en la economía. Unas 30.000 hubo en 2014, unas 49.000 en 2015 y unas 60.000 en 2016. En cantidad, pues, la mejora es notable.

Y, ¿qué fue lo más demandado? Veamos. Siete puestos de trabajo coparon el 25% de las ofertas. Los agentes comerciales se situaron en primer lugar con más del 7%. Hay que aprovechar la recuperación y rehacer equipos de ventas que fueron masacrados en la crisis. Le siguen los administrativos sin atención al público, con más del 5%, probablemente por la misma razón y le siguen  personal de limpieza, cajeros en tiendas, empleados para informar al usuario, operadores de telemarketing y personal de cocina. Este es el mercado real que hay, señores de la OCDE.

En cuanto al nivel de formación requerido, destaca un 31% sin determinar. Pero es que le sigue un 20% que no requiere estudios. ¡Ojo! Frente a un 14% con estudios superiores. Nos gustaría que no fuera así, pero es lo que dice la estadística del registro. Tampoco nos gusta observar que el 76% de las ofertas son de relación temporal y que la duración del contrato en un 53% de los casos es inferior a los 6 meses y que solo el 19% son indefinidos.

Es obvio que hay que mejorar, pero no haca falta que nos lo recuerde la OCDE, ni bastan las buenas palabras, ni los mejores deseos. Ahí están los números.

 

 

El experimento de Finlandia: ¿cobrar sin trabajar?

Precariedad, desigualdad, pobreza, poco trabajo… son fantasmas que ya se han instalado en nuestra sociedad. La digitalización y la robotización son los dos vehículos que transportan a estos fantasmas y obligan a estrujarse el coco para tratar de buscar cohesión y una forma de vivir tranquilos en una sociedad en la que posiblemente no vaya a haber trabajo para todos los que lo necesitan. Los debates sobre la posibilidad de crear una renta universal –por el mero hecho de ser ciudadano- están a la orden del día y los planteamientos que se hacen acostumbran a ser antagónicos. Pero lo importante es que el temor existe y que el debate está en marcha, luego, lo que salga, ya lo veremos.

De momento, ya hay un país que ha dado un paso al frente en este campo: Finlandia, aunque queda lejos de la idea de universalidad. Desde el pasado uno de enero, ha lanzado un experimento que afecta a 2.000 personas, elegidas por sorteo entre parados de larga duración. A ellos se les pagará una renta mensual de base de 560 euros sin ningún tipo de condición y exonerada de impuestos. El asunto es que van a percibir esta renta hasta finales del año 2018, aunque durante este tiempo encuentren trabajo.

La idea se aparta un poco del debate citado (sobre todo por la universalidad) y se encamina más bien a ver qué hace la gente con este dinero. Se pretende que se espabilen y creen su propio modus vivendi o bien que acepten un trabajo precario que, en otras circunstancias no podrían aceptar.

Los que defienden el experimento –el gobierno que lo lanza es de centroderecha- esperan que sirva de motivación a muchas personas que están desmotivadas o en vías de exclusión, y que por esta vía puedan reintegrarse, aunque sea parcialmente en el mercado laboral. Los detractores –que también los tiene en ambos espectros ideológicos- piensan que se trata de una forma de flexibilizar aún más el mercado laboral y favorecer sueldos bajos para esta gente o también hay quienes piensan que es una forma de generar la vagancia (aunque la cifra mensual no dé para mucho en un país tan caro como Finlandia) en personas ya de por sí poco proclives a buscar trabajo.

De momento, el gobierno prepara un nuevo experimento de este tipo con jóvenes de 18 a 25 años con rentas muy bajas. De todos modos, no darán ningún paso más adelante sin antes ver los resultados del actual experimento. Es decir, que si las cosas no salen cómo se espera, y los registros de empleo no señalan una reintegración al mercado importante, lo más probable es que no haya segunda parte. Pero lo habrán intentado…