¡Remad, remad, malditos!

 

Hace pocos días se me quejaba un estudiante, de que le parecía injusto que en un trabajo en equipo que habían presentado se llevaran una alta puntuación una serie de compañeros que no habían pegado ni golpe en su elaboración. ¡Que lo había hecho el, vaya y se aprovechaban los demás! Siempre hay alguien a tomar apuntes por los demás y  luego pasarlos, y en el trabajo, sucede algo parecido, excepto en aquellos casos en que es imposible, ya sea por la individualidad –ventas- o formar parte de una cadena.

Pero pongamos un ejemplo. Si tú eres empresario y tienes que dar un encargo de responsabilidad a alguien de tu equipo, ¿a quién se lo vas a dar? ¿Al que sabes que es un despistado, al que disimula pero es un vago, al que se escaquea, al que coge muchas bajas o al que es responsable? Sin duda, irás al último.  Sabes que no te va a fallar. Si pasa una vez, no sucede nada, pero si la historia se repite una y otra vez, el tipo, por más buena persona que sea se va a acabar cansando y te dirá ¡hasta luego Lucas! Eso en las empresas, aun siendo absurdo, es algo bastante habitual. Siempre hay alguien que carga con el pato, simplemente “porque hace las cosas bien”. Lo peor del caso es que a esta persona casi nunca se la tiene en cuenta a la hora de los premios y recibe un trato similar al de sus compañeros menos eficientes.

Eso me recuerda una anécdota que me contaron y escribí hace algún tiempo en La Vanguardia. Era ejemplarizante. Cuentan que había dos pueblos que hacían una vez al año una carrera por el río en la que contendían dos embarcaciones con ocho remeros cada una. Sucedía que siempre ganaba el mismo pueblo hasta que la gente, mosqueada por ello, decidió ir a ver al alcalde para que tomara cartas en el asunto. El hombre, preocupado, nombró una comisión municipal para que analizaran cuales eran las causas de las derrotas. La comisión se puso manos a la obra y muy pronto vieron lo que pasaba y fueron al alcalde. “Señor alcalde, ya sabemos lo que pasa”, le dijeron. “¿Y pues?”, respondió. “Pues muy sencillo, porque los del otro pueblo reman todos y en el nuestro solo rema uno”, explicaron. El alcalde, muy enfadado al saberlo, quedó pensativo y vio la solución enseguida. “Pues, nada,  hay que incentivar a este chico y hacer que reme más deprisa”.,.

Los contratos laborales que más crecieron en 2016 fueron los de menos de 7 días

 

Nos dirán que las cosas van mejor y no mienten. Lo dicen las estadísticas globales, aunque no nos aclaran para quienes va mejor y cómo se reparte esta mejora. Pero en el aspecto laboral, los números del Servicio Público del Empleo (SEPE) para España dejan mucho que desear, en cuanto se profundiza un mínimo en ellos. Veamos, en cifras globales nos dirán que la contratación en el año 2016 fue mejor, ya que creció por encima del 7%. Nos dirán también que los contratos indefinidos –los que muestran la confianza del empresario y dan estabilidad al empleo- lo hicieron casi en un 10%, más que los temporales que crecieron un 7,5%.

Hasta aquí, todo bien. Pero veamos qué tipo de contratos indefinidos se han realizado. Resulta que del 1,12 millones que se han firmado, solo el 55% son a jornada completa. Parece poco, ¿no? Cierto, lo es. Un 32% son a tiempo parcial –en un buen porcentaje a disgusto de los empleados, según diversas encuestas cualitativas- y un 12% son fijos discontinuos. Ciertamente, la economía en 2016 fue algo mejor que en el año anterior, pero la estructura de los contratos indefinidos es exactamente la misma que en 2015. Quizás porque el ritmo trimestral de crecimiento del PIB de 2015 era ascendente y el del 2016 ha flexionado un poco y se han compensado las expectativas de los empresarios, pero no deja de ser curioso.

De todos modos,  lo preocupante de verdad está en los contratos temporales. Hay un dato global que nos dice que algo no funciona. En el 2016, la duración media de los contratos temporales bajó de 53,4 días en 2015 a 50,6 días el pasado año, lo que supone un 5% menos. Ello es debido fundamentalmente a que el peso de los contratos muy cortos –a menos de 7 días- han tenido un peso superior en la estructura de la contratación en la contratación, nada menos que un 27,2% y que puede ser muy superior, ya que existe un problema estadístico muy serio, al haber un 36% de contratos de duración indeterminada. Es importante hacer esta salvedad, porque la situación real queda en entredicho.

Aumenta, pues la contratación a muy corto plazo. Veámoslo de otro modo. En 2016 se han hecho 1,2 millones de contratos temporales más que en el año anterior. Pues bien, de ellos, casi la mitad, un 46% lo han sido a menos de una semana, cuando su peso en la estructura es del 27%. Es decir, que crecen más deprisa –un 12%- que el total de los temporales, casi 5 puntos más. Y, en el otro lado de la balanza, los contratos superiores a los 6 meses, bajaron un 14% en el 2016. Más allá de las cifras globales, pues