Mujer y discriminación en el siglo XXI. ¡Siento vergüenza!

Hoy he recibido una invitación del ODEE (Observatori Dona Empresa Economia) de la Cambra de Comerç de Barcelona. Al leer el programa he sentido vergüenza. La vergüenza propia de que en el año 2017 en un país de los llamados del primer mundo, se tenga que hablar de estas cosas. Que se hable de la Agenda 2030 de la ONU está bien, pero uno piensa que eso es para otros países menos “desarrollados”, no para nosotros. Pues no, aquí seguimos necesitando una labor de continuo recordatorio de que estamos anclados –aunque algo hemos avanzado- en planteamientos propios de culturas arcaicas. Leo sesiones del programa con títulos que ya no deberían ser explicados. Que ya deberían formar parte de nuestro día a día. Vaya mi felicitación a la ODEE por el buen trabajo que están haciendo. Dejadme que hoy simplemente transcriba parte de la introducción del programa del acto50% Homes + 50% Dones = 100% Societatque tendrá lugar el miércoles 1 de marzo a las 15.15 horas en el  CaixaForum – Centre Social i Cultural de l’Obra Social “la Caixa” – Av. Francesc Ferrer i Guardia, 6-8, de  Barcelona. Habla por sí sola. (www.donaempresaeconomia.org).

Insisto en que siento vergüenza de que en el siglo XXI estemos obligados a recordar cosas como las que se dicen a continuación. Por ejemplo, que la igualdad entre los géneros no es sólo un derecho humano fundamental; es la base necesaria para conseguir un mundo pacífico, próspero y sostenible. Porque las mujeres están arraigadas en la vida y en su conservación y, por lo tanto, son motor de paz, de equilibrio y de futuro.

Hay estudios que demuestran que las empresas que cuentan con más mujeres en los puestos directivos y de toma de decisiones son más rentables, tienen menos riesgo de endeudamiento y su equipo humano está más motivado y muestra un mejor bienestar. La igualdad de género en las empresas representa una garantía de éxito con respecto a resultados, organización, meritocracia, transparencia y valores humanos.

Sabemos que la humanidad está pasando por un momento de inflexión y que necesita una nueva manera de ver el mundo; una mirada con ojos de mujer que aporte la energía y la sabiduría en la gobernanza mundial

Llegar al 2030 donde el 50% de los puestos de decisión estén ocupados por mujeres es la condición sine qua non del cumplimiento de la agenda 2030 de la ONU que tiene como objetivo conseguir: la paz, la erradicación de la pobreza, el acceso a la educación, la atención médica, el trabajo digno, la igualdad de oportunidades y la igualdad salarial. El objetivo número 5 de la agenda, en resumen, es la esencia de los derechos humanos: eliminar todas las formas de discriminación y de violencia contra las mujeres y las niñas, reconocer y valorar el trabajo doméstico del cuidado de las personas, así como promover la corresponsabilidad, garantizar la participación plena y efectiva de las mujeres y la igualdad de oportunidades y de liderazgo a todos los niveles.

¿Merece la pena trabajar para ser pobre? En España, ya sucede

Leo que el Informe España 2017 que presenta hoy la CE nos aprueba en macroeconomía –buenos datos globales- pero nos pega un palo en cómo se alcanzan estos buenos números. ¿De qué sirve ser el país que más crece de Europa, de haber creado el 25% de empleos de la UE estos últimos años, si el 13% de los trabajadores españoles están en riesgo de pobreza? ¿De qué sirve si es el país dónde más crecen las desigualdades sociales en Europa? Debería servirnos para darnos cuenta de que el crecimiento económico que estamos teniendo se empieza a desvincular de la realidad social. Y eso es muy grave. Hace años –y hoy también- los economistas dicen que lo importante es crecer que luego ya se repartirá. Evidentemente, sin crecimiento, no se puede repartir pastel nuevo, pero si lo repartimos injustamente tampoco sirve para nada.

Que crezca el riesgo de pobreza entre los que trabajan y que sea mayor en 2015 que en 2013 significa simplemente que lo estamos haciendo mal, muy mal. Hace unos días (ver post del día 18/2) mostraba mi preocupación por el hecho de que el 26% de los contratos temporales fueran de una duración inferior a 7 días en 2016 y que su número hubiera crecido respecto al año anterior. Y que probablemente son más porque un 36% de los contratos temporales no indican duración y, por tanto, no cuentan en esta estadística. Trabajar pocas horas implica salarios de miseria y, por tanto, cotizaciones sociales pírricas. Estamos amenazando el consumo y matando el futuro de las pensiones. De aquí que desde muchos foros se pida una subida de salarios, más acorde con la productividad, Hasta ahora la pérdida de poder adquisitivo se ha notado poco porque la inflación era negativa, pero eso ya ha cambiado. Ahora sí se va a notar.

Este es un problema a corto plazo, no se trata pues de hablar de cambio de modelo de producción –eso también, pero los ingenieros no se fabrican en 2 días- sino de cortar esta carrera bajista que sigue en lo social, aunque  la económica vaya para arriba. ¿Empezar por subir un poco los salarios más bajos que permitan bajar esta cifra ignominiosa del 13% de trabajadores en riesgo de pobreza, por ejemplo? No estaría mal. Seguro que la competitividad del país –y de esas empresas- no se resentiría demasiado, por no decir nada.