RSC, de limpiador de imagen a creador de valor

Unos 20 años es lo que ha tardado la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) en ser aceptada como un instrumento que genera valor en la empresa, que ya no es pura publicidad, vaya. Que es algo mucho más serio, más profundo que decir que ayudo a tal o cual buena obra. Que es una forma de hacer, no solo de mostrar que no queremos parecer egoístas. Para ello han tenido que pasar muchas cosas. Por ejemplo, el auge de internet y su extensión en todas las capas de la población. Un pequeño incidente con un producto, por un servicio defectuoso que antes podía derivar en una crisis aislada y de relativamente sencilla solución, hoy puede convertirse  a través de las redes en una crisis de reputación de alcance impredecible y de complicadísima salida. ¿Cómo ve la gente mi empresa, mi producto, mi servicio?

Hoy se empieza a reconocer que la RSC muestra un nuevo camino, más allá de la palabra: que no solo es necesario gestionar de forma responsable, sino que hay que ser responsable. Y hoy la responsabilidad social de la empresa ya no se mide por anunciar a los cuatro vientos que eres altruista, sino que se mide por cómo realizas todas las acciones en la organización. Se difumina, pues, la RSC detergente, la que se veía como limpieza de imagen y se localizaba en un departamento de la empresa y llega la que está presente en el ámbito global de la organización y es capaz de vincularse con la experiencia del cliente en su acepción más global. Es decir, no solo a nuestro consumidor, sino a los empleados, al proveedor, al medio ambiente y a la sociedad en general, procurando amortiguar los efectos negativos de aquellos impactos que podamos producir. En cierta forma, pues de limpiador de imagen, la RSC se convierte en el motor de un nuevo modelo ético que también genera valor a la organización.

Esta nueva visión afortunadamente parece que empieza a tenerse en cuenta. Debería ser el punto de inflexión en el que la empresa empieza a ser consciente de que está ante una nueva oportunidad -hasta hoy difícil de lograr- en la que sus clientes, empleados, proveedores… pueden convertirse en sus mejores -y decisivos- emisores de publicidad. Se trata de empezar a entender, en definitiva, que compartir valor con los demás, puede revertir positivamente en ella, en sus resultados. Dicho de otra forma, que creando valor intangible en su entorno, le revierte en forma de resultados. ¿Quién dijo que con ética no se podía hacer negocio?

 

Pensiones, ¡ojo con los que ofrecen duros a cuatro pesetas!

Hay aspectos en los que no escarmentamos. La publicidad -y más la directa- muchas veces está al filo de la línea roja, cuando no la traspasa. En el aspecto financiero ello es mucho más serio si cabe, como hemos tenido ocasión de comprobar hace bien poco con las preferentes, la deuda perpetua… ya que estamos jugando con los ahorros, es decir, el dinero que decidimos voluntariamente no disfrutar hoy, para tener algo mañana. Bien, recibo por correo la siguiente información, ofreciéndome si soy millennial un millón de euros cuando me jubile… si pongo solo 150 euros cada mes.

Este argumento se utilizaba hace muchos años para colocar planes de pensiones o de jubilación. Te ofrecían cifras finales espectaculares con modestas aportaciones. Luego, claro, no se han cumplido. ¿Hay engaño? Sí y no. No lo hay porque los cálculos que se acostumbran a realizar son correctos y sí, porque entre las cifras que te presentan hay una que es tramposa, que suele ir en letra pequeña. Ved la oferta que se me hace en este caso y adivinad vosotros mismos dónde está el truco.

“Los millennials podrán disponer de 1 millón de euros para la jubilación invirtiendo sólo 150 euros al mes. Los jóvenes españoles gastan de media 150 euros al mes; si invirtiesen esa cantidad mensual durante 45 años en un fondo con una rentabilidad media del 9% conseguirían situar su ahorro en más de 1 millón de euros. El interés compuesto permite multiplicar la rentabilidad de los ahorros: una inversión al 9% ofrece 6,5 veces más de rentabilidad a largo plazo en comparación con una inversión al 5%”. Incluso hay una cita de Einstein sobre las maravillas del interés compuesto. ¡Ojo!

No me he entretenido a hacer el cálculo, pero estoy seguro que es correcto. El truco ya lo habéis visto, está en ofrecer una rentabilidad media del 9%. Hoy es difícil de obtener, a menos que se entre en riesgo alto. Pero mantener esta rentabilidad durante 30 o más años, es muy difícil, aunque se trate de inversiones en inmuebles en alquiler que hoy son los únicos que podrían ofrecer cesta rentabilidad, contando alquiler y revalorización.

No, nadie puede dar duros a cuatro pesetas. El millón de euros es el anzuelo para hacer picar a gente de buena voluntad y que no se fije demasiado en la letra pequeña. ¡Ojo, pues si os lo ofrecen!