En Catalunya, la recuperación empieza a reducir la desigualdad de las rentas

 

La desigualdad de rentas en la sociedad ha crecido durante la crisis. Con el inicio de la recuperación podríamos estar en un punto de inflexión. Los primeros datos parecen apuntar esta vía, aunque aún es pronto para lanzar campanas al vuelo. En la Encuesta de Condiciones de Vida en España (INE) del año 2016 se destaca que el indicador relativo de riesgo de pobreza (que mide la proporción de personas que tienen ingresos bajos en relación con el conjunto de la población) se situó en el 19,8%, teniendo en cuenta que considera la renta del año anterior. En 2015 había sido del 19,5%. En Catalunya, según la misma fuente, fue del 12,6%, mientras el año anterior había sido del 13,5%. Así, mientras en España el inicio de la recuperación no daba señales de vida en este punto, en Cataluña, sí empezaba a darlos.

Sin embargo, al margen del riesgo de pobreza, que es siempre el dato más mediático, creo que lo más interesante de la Encuesta se ha dado poco a conocer. El caso es que, según se puede extraer de la misma, la desigualdad en la distribución de la renta ha mejorado en Catalunya entre 2014 y 2016. Me parece un dato muy importante, porque significaría que, en cuanto ha empezado la recuperación, también esta lacra ha empezado a reducirse. Así, a partir de la ampliación de la Encuesta que Idescat hace para Cataluña, la desigualdad se calcula por dos vías. Por un lado, el Índice de Gini pasa de 33 a 31,4 (cuanto más alto, mayor desigualdad) y, por otro, el cociente entre el 20% de la población que más ingresa sobre el 20% que menos ingresa (ratio s80/s20). Pues bien, este ratio pasa de 6,5 a 5,5, un salto positivo considerable (cuanto más bajo significa menor desigualdad). Quizás, como decía al principio, todavía es pronto y habrá que esperar a ver qué pasa en 2017, aunque los datos de renta serán los del 2016, pero lo cierto es que el pasado fue bueno y dará más pistas sobre si se consolida el cambio. De momento, los primeros datos son positivos.

Para contextualizar el dato, veamos el caso de España. El Indice de Gini pasa entre estos mismos años de 34,7 a 34,5, es decir, baja imperceptiblemente, mientras el ratio s80/s20 pasa de 6,8 a 6,6, una bajada también imperceptible, y, en ambos casos muy inferior a la catalana. Para acabar la comparación, cabe señalar que en la zona euro la media está alrededor de 5,2.

En realidad, esta mejora de la desigualdad se refleja también en otro indicador subjetivo que es la mayor facilidad o dificultad en llegar a final de mes. Bien, en el caso catalán, los que llegaban con facilidad o mucha facilidad a final de mes en 2016 eran el 10.5% de la población, cuando en 2013 eran el 10%. Por lo que respecta a los que llegan con dificultad o mucha dificultad, eran en 2016 el 32,3% mientras eran el 36,5% en 2013. La mejora es perceptible y superior a los 4 puntos entre los que peor lo pasan.

En el caso español también hay una mejora pero más lenta. Así los que llegan fácilmente pasan del 10.3% en 2013 al 12% en 2016. Y los que llegan con dificultades, pasan del 38,2% al 35,6%.

Es interesante resaltar, asimismo, la diferencia entre Catalunya y España entre los que llegan fácilmente y los que lo hacen con dificultades. Los primeros son una porción superior de la población en España que en Catalunya y los segundos también. Esta mayor polarización –más desigualdad- es la que reflejaban los indicadores anteriormente mencionados.

 

La viabilidad de las pensiones en Cataluña

 

Esta semana la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, ha trasladado a los pensionistas catalanes «tranquilidad y confianza», y ha asegurado que «nadie va a poner en riesgo su presente y su futuro», ya que recibirán sus pagos gracias a la garantía de «solidaridad» de la caja única. Con ello venía a decir que separarse de la caja única llevaría al desastre a los pensionistas catalanes. Los diarios nacionales se han hecho eco –algunos en la portada- de sus palabras afirmando que “Cataluña no podría pagar a los pensionistas”. Este es un aspecto decisivo, en el que el miedo se genera de forma inmediata y profunda. No se puede jugar con las pensiones. Y España no puede dar un ejemplo especialmente positivo, una vez se ha comido prácticamente la hucha de las pensiones.

Este es un problema de Cataluña, de España y de Europa. De todos los países con sistema de reparto (y también de capitalización), que, por cierto, ya han dado pasos –España donde menos- para tratar de alargarlo, por la vía de hacerlo menos generoso y más sostenible. Dos claves fáciles de entender lo explican: trabajamos menos años y la vida se ha alargado gracias a los adelantos de la medicina. Un sistema pensado en los años 50 del siglo XX ha aguantado mucho, pero necesita retoques, porque la sociedad es otra muy diferente. No debe prescindirse de él, pero si lo queremos mantener se ha de poner al día. Lo que NO puede hacerse es jugar con él para atemorizar a una población.

Dos departamentos de la Generalitat han publicado la semana pasada conjuntamente un interesante informe sobre las pensiones en Cataluña, en el que se analiza en base a cifras reales cuál es la situación comparada con España. Os incluyo un resumen, porque creo que es interesante refrescar la memoria en un punto tan importante para todos. Si tenéis interés en verlo completo, lo podéis encontrar en la web del Departament d’Economia i Hisenda de la Generalitat

«Un sistema de Seguridad Social exclusivamente catalán sería más sólido y más viable desde un punto de vista económico que el actual sistema español. Así lo concluye el estudio Los fondos de la Seguridad Social en Cataluña. Evolución Financiera y principales
indicadores que inciden en la viabilidad de las pensiones en Cataluña, elaborado conjuntamente por el departamento de la Vicepresidencia y de Economía y Hacienda y por el departamento de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias. 

Factores que inciden en la sostenibilidad del sistema
El gasto en pensiones depende básicamente de tres factores: un factor demográfico (la ratio entre las personas mayores y la gente en edad de trabajar), un factor de mercado de trabajo y un factor institucional, que recoge las características legales del sistema de pensiones.

Cataluña presenta factores del mercado de trabajo mucho más favorables que el Estado español, hecho que contribuye a la viabilidad de su sistema de Seguridad Social. Lo concreto, la tasa de empleo de 20 a 64 años en Cataluña es de un 70,1% —parecido a las medias de la UE y la OCDE—, mientras que en el conjunto de la España es del 63,9%. En el 2016, el 42,1% de la población en Cataluña estaba afiliada a la Seguridad Social, mientras que en España este porcentaje era del 37,3%.

En todos los casos, los factores de trabajo en Cataluña son más positivos que la media estatal. Así, Cataluña tiene el 16% de la población española, pero cuenta con el 17,3% de población ocupada, el 16,6% de la población activa y tan solo el 12,3% del paro registrado y el 13,6% del paro (EPA). Además, tiene el 21,9% de la contratación indefinida y el 17,8% de la afiliación en la Seguridad Social.

Paralelamente, los salarios en Cataluña son, por término medio, más elevados que en el resto del estado español y, por lo tanto, más capaces de hacer frente a las pensiones: en el 2016, a Cataluña, cada afiliado cotizó por término medio 6.365 euros, un 7,7% más que el agregado a España.

Gracias a esta situación más favorable del mercado de trabajo, en un contexto de déficit del sistema como el actual, Cataluña presenta un balance de cotizaciones y prestaciones más equilibrado que el de España, de forma que la dependencia de recursos públicos adicionales para financiar las prestaciones (transferencias, endeudamiento…) es muy menor. En este sentido, hay que recordar que el Fondo de Reserva de la Seguridad Social, que llegó a alcanzar un 6,2% del PIB español el 2011 (66.000 M€), se ha reducido en los últimos años hasta situarse al 1,4% del PIB a finales de 2016, siendo la previsión que este 2017 quede totalmente liquidado.

Evolución de los ingresos y gastos de la Seguridad Social
El análisis de la evolución de los fondos de la Seguridad Social en los últimos años permite constatar la mayor sostenibilidad del sistema en Cataluña, si bien en este periodo tanto el conjunto español como la parte catalana han generado saldos negativos. Eso se explica, en gran medida, por dos factores: el progresivo envejecimiento de la población asociado al aumento de la esperanza de vida (factor estructural) y la crisis económica (factor coyuntural), que ha provocado la reducción de las cotizaciones sociales que financian el
sistema como consecuencia del aumento del paro, a la vez que ha contribuido a elevar el número de perceptores. Sin embargo, en Cataluña la Seguridad Social presenta un balance menos negativo que en España.

Desde 2013 a 2016 los saldos de la Seguridad Social en Cataluña son negativos pero inferiores  tanto en relación a la población como en relación al PIB, frente a la SS española, SEPE y FOGASA. El año 2016, el saldo negativo de la Seguridad Social en Cataluña fue de 177 euros por habitante, menos de la mitad que el registrado en el conjunto de España (389 euros). Si se observan los datos de España sin Cataluña, el déficit es todavía superior (430 euros por habitante, 2,4 veces más que en Cataluña). Por lo que hace a los valores en relación al PIB, en el 2016 el peso del déficit catalán fue del 0,6%, frente al 1,6% registrado en el caso del Estado y el 1,9% (más del triple) en el Estado sin Cataluña.

En términos absolutos, en el 2016 el conjunto de ingresos y gastos de la SS en Cataluña presenta un déficit de 1.308 M€, el 7,2% del total de España (18.096 M€), un porcentaje muy inferior al peso de su población (16%)».