¡Ojo! Las familias españolas deben todavía más dinero del que ganan en un año

Las familias españolas debían a finales del 2016 el equivalente al 102,5% de su renta disponible, es decir, debían más de lo que son capaces de ingresar en un año. La situación ha mejorado sustancialmente desde el período 2008-2013 en que la cifra media alcanzó el 127%, pero aún estamos lejos de la media del periodo 1996-2007, en que fue del 82,1%. Para este año, los analistas de Funcas prevén que terminaremos en el 98,8%. Esto es una montaña de deuda y muy mal repartida, ya que en muchos hogares la relación deuda/ingresos es muy elevada. Los créditos bancarios a hogares tenían un saldo vivo superior a los 700.000 millones de euros en julio pasado.

Como se deduce de las ratios anteriores el esfuerzo realizado por los hogares españoles para desendeudarse en los últimos años ha sido importante, aunque no ha sido tan rápido como hubiera sido de desear. El hecho de que el grueso de su deuda se mate­rialice en préstamos hipotecarios a largo plazo y esté en manos de hogares con restricciones significativas de renta, explica la mayor lentitud en el proceso de desa­palancamiento familiar. Además, también se ha de tener en cuenta la concentración de deuda en hogares con bajo nivel de riqueza financiera, con mayor vulnerabilidad a un contexto de recesión económica, caracterizado por una fuerte destrucción de empleo y cuyo cabeza de familia es joven.

Para Funcas, un análisis comparativo con los principales países europeos permite detectar que los hogares españoles presentan una peor capacidad de pago de las deudas que el resto de europeos analizados. Así, mientras que en España la ratio de pagos por deudas sobre renta bruta representaba el 18,0% en 2011, en la media de la eurozona era tan solo del 13,9% en 2010 (último dato disponible). Un análisis más detallado por tramos de renta revela que la realidad de los hogares españoles endeu­dados es francamente comprometida en el caso de los que cuentan con meno­res niveles de ingresos.

Lo cierto es que la lenta rebaja de los saldos de la deuda familiar tiene además, otra explicación. Mientras unas familias van amortizando deuda, otras que no estaban endeudadas, empiezan a hacerlo. La última Encuesta de préstamos bancarios del Banco de España (julio 2017) achaca a “la mayor confianza de los consumidores, los menores niveles de tipos de interés y el ascenso del gasto en bienes de consumo duradero”, el incremento de las peticiones de créditos a la banca. De hecho, el fenómeno ya empezó el año pasado. Según el Banco de España el volumen de crédito al consumo nuevo concedido por la banca creció en 2016 un 24% y un porcentaje algo superior el de las nuevas hipotecas.

Este fuerte incremento del crédito al consumo, que parece mantenerse en 2017, tiene una doble vertiente. Por un lado beneficia a la banca, que necesita imperiosamente colocar dinero en créditos para mejorar su margen, pero desde el punto de algunas familias es un riesgo alto, en unos momentos en que los tipos de interés deben girar al alza dentro de unos meses. En el post de ayer hablaba de que deberemos gastar menos en el último trimestre. Y eso debería ir también para la petición de más créditos al consumo.

 

Cae el poder adquisitivo de los salarios y en el cuarto trimestre vamos a gastar con más cautela

Hoy han aparecido dos documentos interesantes para el seguimiento de la economía. Por un lado, las Previsiones económicas para España 2017-2018 de Funcas y, por otro, la actualización de la Contabilidad Nacional (2014-2016) del INE. Ambas dan una visión global de crecimiento intenso de la economía española, aunque podríamos entrar en la esperada inflexión en el cuarto trimestre de este año por un ritmo del gasto menos robusto. Vamos a empezar por la Contabilidad del INE.

Lo más relevante es que aumenta una décima el crecimiento en volumen del año 2016 y lo deja en el 3,3% en el año 2016 y dos décimas, también al alza el del 2015 (al 3,4%). Sin embargo, con respecto al del año pasado, se producen además algunas variaciones en la composición de dicho crecimiento, con una menor aportación de la demanda nacional (2,5%, frente a 2,8%) y una mayor aportación de la demanda externa (0,7%, frente a 0,5%). La actualización de la variación en volumen del gasto en consumo final se debe a la revisión a la baja del crecimiento en los hogares que pasa del 3,2% al 3,0%. También se rebaja el de la formación bruta de capital (del 3,8% al 3,1%). En síntesis, el alza final del PIB actualizado se debe a un crecimiento mayor del estimado en primera instancia por el sector exterior, a pesar de que se rebaja el consumo y la inversión internas.

El primer semestre de 2017 la economía ha seguido acelerándose, creciendo al 3,2% y 3,5% en tasas intertrimestrales anualizadas. Y aquí entramos en las previsiones que hace Funcas. Según el informe, el intenso proceso de recuperación debería mantenerse durante la segunda parte del año, aunque con una ligera desaceleración, en línea con las tendencias más recientes. Con respecto al tercer trimestre, los indicadores disponibles apuntan, en línea con lo previsto, a una ralentización en el ritmo de crecimiento. Para el conjunto de 2017, se prevé un incremento del PIB del 3,1%, una décima menos que en 2016. (Dos después del retoque del INE). El consumo privado frenará su dinamismo, fruto de la pérdida de poder adquisitivo de las rentas salariales. Por el contrario, el consumo público repuntará después de varios años de congelación y como consecuencia del aumento de la contratación en las administraciones públicas. La inversión, sobre todo en construcción de vivienda, también tomará aire.

El sector exterior seguirá evolucionando favorablemente. Las exportaciones se beneficiarán de la recuperación de la zona euro. Esta representa más de la mitad de las ventas españolas en el exterior. Las importaciones crecerán a mayor ritmo, debido al fuerte aumento de las compras de productos energéticos. Los precios al consumo registrarán un aumento del 1,9%, dos décimas menos que en la anterior previsión. La moderación de las presiones inflacionistas refleja la contención de los salarios y el impacto favorable de la apreciación del Euro sobre el coste de las importaciones. Asimismo, el deflactor del PIB experimentará un aumento moderado, del 1,2%.

El empleo aumentará con intensidad, a un ritmo próximo al del PIB. La tasa de paro se reducirá hasta una media anual del 17,1%, en línea con la anterior previsión. Sin embargo, se prevé que la mejora de la economía no se trasladará a los salarios. Estos caerán en términos reales como consecuencia del repunte de la inflación.

En ambas publicaciones se hace hincapié en un hecho que es importante: el consumo empieza a desacelerar su crecimiento. Por un lado, perderán poder adquisitivo por la inflación y, por otro, el ahorro que se realizó durante la crisis y que se ha ido gastando desde que empezó la recuperación ya debe llegar a un punto bastante bajo, insuficiente para mantener el ritmo de crecimiento del consumo. Recordemos que la remuneración por asalariado creció entre 2014 y 2016 por debajo del 0,1% en promedio. Con estas cifras aguantar el consumo a un ritmo de crucero como el seguido hasta ahora es utópico. Más si vemos que la deuda bruta de los hogares está en 102,5% sobre la renta disponible y que la tasa de ahorro ya ha caído del 10,1% (2008-2013) al 7,7% en 2016. Todo apunta pues a que vamos a gastar más pausadamente  en el próximo trimestre.