¿Por qué la CNMV corta la especulación contra Liberbank y no lo hizo en el Popular?

 

 

Tras valorar todas las circunstancias concurrentes, y en particular la evolución durante los últimos días de la cotización de la acción de Liberbank, S.A. (que se ha visto afectada por fuertes descensos y una alta volatilidad en un contexto en que no hay informaciones negativas difundidas por la entidad ni pendientes de difundir según la propia Liberbank, S.A.) y la muy probable relación de dicha evolución con la actuación de resolución decidida por la Junta Única de Resolución el 7 de junio de 2017 con respecto a Banco Popular Español, S.A., la CNMV ha considerado apropiado prohibir la realización de ventas en corto y operaciones similares con respecto a dicho valor. La prohibición se mantendrá por un periodo de un mes, desde el momento de su publicación, 12 de junio de 2017, y hasta las 23:59 horas del 12 de julio de 2017 inclusive (…)  La Autoridad Europea de Mercados de Valores (ESMA), de conformidad con el artículo 27 del Reglamento anteriormente citado, ha emitido hoy su opinión en relación con la medida acordada por la CNMV considerando que es apropiada y proporcionada y que su duración está justificada.

Con este comunicado emitido esta mañana a las 8 y 17 minutos, la CNMV zanja durante un mes -prorrogable- un marrón importante que había aparecido en el mercado tras la decisión de liquidar el Banco Popular.

Lo cierto es que desde que se hizo pública la decisión del Banco Popular el pasado miércoles los títulos de Liberbank han caído un 38%, lo que implica que la capitalización bursátil de la entidad haya caído 385 millones de euros, hasta el entorno de los 600 millones. Admitiendo la debilidad de la entidad financiera, con una alta tasa de morosidad, lo cierto es que no había ocurrido ningún incidente real que afectara al balance o cuenta de resultados digno de mención que justificara esta fuerte caída de la cotización. Simplemente los bajistas, una vez liquidado el Popular, se habían lanzado a por él, aunque como decía en el post de hace un par de días (10 de junio), esta vez se tratara de “caza menor”.

La gran pregunta que nos debemos hacer es ¿por qué la CNMV protege al Liberbank y no lo hizo con el Popular? Hoy por hoy no tengo respuestas, porque lo cierto es que esta medida está amparada por el artículo 20 del Reglamento (UE) Nº 236/2012 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 14 de marzo de 2012, sobre las ventas en corto y no hay razón aparente para que no se hubiera ejecutado con el Popular. De haberlo hecho, probablemente se hubiera ahorrado unas pérdidas de muchos millones a pequeños inversores… y se hubiera evitado también el enriquecimiento rápido y fácil de unos cuantos jugadores a la baja. Y también se hubieran evitado millares de demandas que van a surgir ahora, como consecuencia de haberse realizado por el Popular una ampliación de capital con cifras que han resultado ser falsas.

No se si esta no actuación pasará a formar parte de los misterios a que nos tiene acostumbrados lamentablemente nuestro mundo financiero o algún día se verá la luz y sabremos los qué, quien, como y cuanto han existido en el caso Popular que lo han llevado a su desaparición.

De momento, bienvenida sea la decisión de la CNMV contra la especulación al Liberbank.

 

Un riesgo más para las pymes: menos bancos con los que trabajar

 

La compra del Popular por el Santander supone, entro otras muchas cosas, un paso más en la reducción de la competencia en el sector. Actualmente, 17 entidades conforman el grueso del mapa bancario español y ellas son el resultado de los procesos de consolidación de hasta 60 entre bancos y cajas. Ello se ha acompañado con una reducción drástica del número de oficinas y de empleados (el número de oficinas de entidades de depósito ha disminuido un 37%, y el de empleados, un 30%, con respecto a sus máximos en 2008). Los efectos de esta tendencia van más allá del propio sistema y afectan los clientes particulares y, sobre todo, a las pymes.

Por ello, lo de las 17 entidades puede ser un eufemismo si vemos el grado de concentración al que se ha llegado  tras la última fusión. En recursos de clientes y concesión de créditos, prácticamente la mitad del negocio (entre el 48 y el 49%) está en manos de tres entidades: Santander, Caixabank y BBVA. Y si nos centramos en el mundo de las pymes, en el que dominaba el Popular, la cosa queda en que entre el Santander y Caixabank se llevan el 37,5% de cuota de mercado.

En este proceso de concentración –que dicen que va a seguir- hay dos consideraciones a hacer que creo interesantes.

La primera es cuestión de memoria. Recuerdo cuando la caída de Lehman Brothers la campaña que todas las instituciones internacionales hicieron demonizando las grandes entidades. “Too big to fail” (demasiado grande para quebrar) fue la frase escogida para tratar de reducir el número de entidades sistémicas (las que pueden hacer caer como fichas de dominó a otras y amenazar el sistema). Al cabo de los años, no solo se han reducido estas entidades, ni siquiera en Estados Unidos, dónde surgió la idea, sino que su peso en el total del sistema de cada país ha aumentado. Es más, el FMI hace ahora proclamas sobre la importancia del tamaño de los bancos, en el sentido de que mejor que sean grandes. Quizás lo dice por los miles que hay en Alemania, que solo en ese país saben cómo están, ya que no dejan asomar la nariz a ninguna institución de control extranjera, pero el caso es que hay un cambio de parecer, sin que nada haya cambiado en el fondo de la situación. O por Italia, donde hay un verdadero caos… Incluso Trump se propone desregularizar lo que Obama trató de regularizar

En España, es dónde más deberes se han hecho en este sentido –probablemente porque las entidades no estaban tan bien como nos decían en 2008- y el sistema ha quedado reducido de forma muy significativa, con entidades de mayor tamaño.

Y la segunda consideración atañe al cliente. Antes, una pyme de Terrassa, por ejemplo, tenía 15 o 20 entidades con las que trabajar en su población. Hoy el número se ha reducido drásticamente a 3 o 4. Ello significa que en su actividad diaria no podrá ejercer la regla de oro para la financiación de toda pyme: no poner todos los huevos en el mismo cesto, ya que alguno puede fallar y siempre se deben tener otros a dónde acudir. Antes era relativamente fácil, ahora sencillamente, no. En la crisis hemos vivido situaciones dramáticas. Decenas de miles de pymes han desaparecido durante estos años porque las entidades con las que trabajaban habitualmente les recortaron la financiación. Algunas pudieron aprovechar el salvavidas de trabajar con otra entidad. Esta posibilidad es la que ahora se está esfumando. Un riesgo más.