Fundació Factor Humà premia a Ampans, “los ángeles del Bages”

 

Ayer, la Fundació Factor Humà, que creó Mercè Sala, entregó el 9º Premio que lleva su nombre a la Fundació Ampans. Se trata de un premio muy especial, ya que es un jurado de alto nivel quien elige aquellas organizaciones que, a su juicio, mejor llevan a cabo los valores que Mercè Sala representaba: trato humano, pragmatismo, innovación y visión global.

Debo decir que me llevé una gran alegría. Conocí a la gente de Ampans hace un año, a raíz de una página que les dediqué en La Vanguardia. Sencillamente me impresionaron y conmovieron. No es fácil encontrar gente capaz de llevar una organización de tal complejidad, en la que aúnan una labor social ingente y la financian con la excelencia de los productos que hacen. La existencia de organizaciones de este tipo en un mundo material al 100% ayuda a recuperar la confianza en que puede haber un futuro mejor para la sociedad. Lo cual es más que reconfortante, en momentos como los que vivimos.

Creo sinceramente que este premio hace justicia a estos “ángeles del Bages” y al mismo tiempo dignifica a la Fundació Factor Humà por el acierto en su elección.

Os incluyo el artículo que escribí hace justo un año en “Dinero” de La Vanguardia. En él se explica lo que hace esta gente y la problemática que tiene. Es una lección de bien hacer para todos y que debería remover conciencias.

 

LA EXCELENCIA EN LA EMPRESA SOCIAL

“Nosotros no tenemos trabajadores, tenemos personas a las que acompañar en sentido global. Es cierto que les damos trabajo, pero también les facilitamos formación, vivienda, vacaciones, asesoramiento legal, les acompañamos al médico…Partimos de una visión integral de la persona y tenemos dos grandes ramas de actuación, la social asistencial y la laboral”. Quien así razona es Toni Espinal, director general de la Fundació Ampans (véase recuadro), que acaba de recibir el Sello de Excelencia Europea EFQM. Sin duda, el gran reto que tienen por delante hoy por hoy todas las organizaciones de economía  social es el de combinar la dimensión social y la empresarial y, al mismo tiempo, realizar un trabajo de excelencia en la gestión. Y, por supuesto, no es sencillo.

Desde el punto de vista operativo, lo cierto es que las diferencias entre una empresa social y una mercantil son cada vez menores, en el sentido de que las empresas sociales están más profesionalizadas y, por tanto, los instrumentos de gestión que se utilizan son los mismos que en el resto. Y, por otro lado, se percibe que las empresas mercantiles cada vez piensan más en las personas –clientes, trabajadores…– como puntos referenciales, a través de la RSC. “Este es un valor que las empresas sociales tienen como principio. En realidad, el cliente interno y externo están en el centro de nuestras organizaciones, así como el cuidado del impacto ambiental. Se podría decir a grandes rasgos–aunque aún a gran distancia– que existen algunos valores convergentes entre ambas”, asiente Espinal. Por cierto, cabe añadir que la sociedad cada vez pide más–y seguirá pidiendo– visualizar la RSC y el comportamiento ético en las empresas mercantiles. Y, hablando de visualización, uno de los aspectos que deben mejorar las organizaciones sociales es la comunicación. Espinal admite que queda muchísimo camino por hacer en este terreno. Para Xavier López, director de desarrollo de Ampans, “hemos de ser capaces de transmitir más y mejor nuestros valores, explicar que buscamos una sociedad más justa. En la empresa mercantil el último objetivo es el de ganar dinero. En la social, no. Para nosotros ganar dinero es un medio –necesario– para poder llegar al objetivo, que es la persona”. Y añade que antes no se le pedían resultados a la empresa social, ni que miraran lo social a las mercantiles. Pero eso ha cambiado… La diferencia entre la empresa social y la mercantil la define muy bien López, cuando afirma que “nuestro producto final no es la limpieza, ni el queso, ni el vino… sino crear oportunidades de trabajo para gente con discapacidad intelectual. Pero para crearlas hay que hacer un producto que pueda competir en el mercado. El hecho de que tu causa sea buena no obliga para nada al consumidor a comprar lo que haces. Si el queso no es bueno, nadie lo comprará”. De todos modos, aquí hay un aspecto importante que matiza Espinal. “Si eres capaz de sumar una buena causa con un producto excelente, el resultado final acaba siendo muy potente”. Deja muy claro que las organizaciones sociales no contratan personas en función de las necesidades que crea el mercado, sino por la necesidad de sus personas. En definitiva, “buscas clientes en función del volumen de gente a la que has de dar trabajo, vamos al revés de las sociedades mercantiles”, dice Espinal. Preguntados sobre los problemas que deben afrontar las empresas sociales, citan en primer lugar la dependencia en el terreno asistencial que tienen de la administración pública. También comentan la necesidad de contar con buenos profesionales. “El reto es como pagándole menos que en el sector mercantil consigues un nivel de compromiso, que probablemente aquí deba ser superior. Cierto que la crisis nos ha ayudado un poco en este sentido, con la rebaja general de salarios, pero también lo es que cada día es más fácil encontrar gente cualificada dispuesta a trabajar por un salario digno… más un salario emocional”, dice Espinal. Para que los profesionales puedan tener unos sueldos dignos es necesario que haya operaciones de cierto tamaño, apunta Xavier López, para quien “es muy importante tener pocas organizaciones y que sean grandes. En Catalunya el tema de la discapacidad y el trabajo se hace a nivel comarcal y en el País Vasco, provincial. Es más racional”.

En el día a día, Janeta Camps, directora de servicios a las personas de Ampans, explica que aplican una política de recursos humanos, en función de su misión: “atender a la persona en toda su dimensión. Descentralizamos, empoderamos a la gente de niveles inferiores, compartimos proyectos… Trabajamos en pequeños equipos y todo ello sumado hace que haya una gran vinculación en cada proyecto”. Por último, Xavier López, lamenta la dificultad de “medir el impacto de nuestro trabajo. Sería bueno saber el valor añadido, pero faltan indicadores de eficiencia. ¿Cómo calcular el retorno social de la inversión?, ¿cuánto cuesta cada unidad de calidad de vida?”, se pregunta. “Porque nuestro producto no es más que calidad de vida para estas personas”

El objetivo global

Ampans es una fundación que trabaja para promover la educación, la calidad de vida y la inserción laboral de las personas con discapacidad intelectual y enfermedad mental, mediante centros, servicios, programas y apoyos con criterios de excelencia en la comarca del Bages. Acompaña a las personas, actualmente más de 1.600, en todos los ámbitos de vida, desde escuela de educación especial, formación, trabajo, empleo terapéutico y d inserción, atención diurna, acogimiento residencial, ocio, deporte y tutela, fomentando la autonomía personal y la igualdad de oportunidades. En el ámbito laboral, crea empresas y servicios que dan trabajo a más de doscientas personas con discapacidad, ya sea en empresas del territorio o en las propias secciones empresariales de jardinería (GardenAmpans), limpieza, manipulados, artes gráficas, recogida selectiva y restauración (Canonge) y con las marcas propias Formatges Muntanyola o VinsUrpina. Y ante nuevas necesidades, actualmente también está atendiendo en temas de formación e inserción, a personas con grave riesgo de exclusión, perceptoras de la renta mínima de inserción, o jóvenes en riesgo. “Con más de 50 años de trayectoria al lado de las personas con varias necesidades de apoyo, y con una plantilla de 700 trabajadores, hemos sabido tejer unos servicios de calidad, capaces de aportar tranquilidad y confianza a las personas, a las familias, a las instituciones y a la sociedad, con una actuación estratégica basada en haber comprendido las necesidades y expectativas de sus grupos de interés”, dice su director general, Toni Espinal.

La CE reprende al servicio público de empleo, porque solo canaliza el 2,5% de los nuevos asalariados

La Comisión Europea publicó ayer hoy su batería de recomendaciones específicas por países. En el caso de España, aconseja cumplir con los objetivos de déficit marcados por Bruselas (3,1% este año y 2,2% el que viene), revisar el gasto público, modificar el sistema de contratación pública para luchar contra la corrupción, dar una vuelta de tuerca a la reforma laboral para potenciar la contratación fija y reformar el sistema público de empleo para hacerlo más eficiente.

Vamos a centrarnos es este último aspecto. No me extraña en absoluto que La CE reprenda a España por el funcionamiento del sistema público de empleo. El último estudio que ha realizado el INE al respecto data del 2014, pero no creo que las cosas hayan cambiado mucho desde entonces en este punto concreto. El estudio en cuestión analiza la vía por la que han encontrado empleo los asalariados en los últimos 5 años. Cierto que hoy el mercado laboral es mucho más dinámico que hace tres años, pero insisto en que la variación no puede ser mucha.

¿Sabéis por qué vía se encuentra más trabajo? Sí, seguro que lo sabéis: a través de amigos, familiares o conocidos. Es hasta cierto punto lógico que sea así. Por un lado, por la fiabilidad que supone la recomendación de quien conoces y, por otro, por el ahorro en el proceso de selección que supone. Pues bien, por esta vía obtienen empleo el 46,7% de los asalariados. Casi la mitad. Decía que es lógico, pero quizás es exagerado.

La segunda vía por importancia, es la directa, solicitando trabajo al empleador o presentando el curriculum. Por esta vía se colocan el 22,2% de los empleados. Fijaos que por estas dos casi se cierra el 70% de los empleos.

El salto a la siguiente es espectacular, ya que por anuncios en medios, incluyendo internet, ya baja al 6,9%. Un empresario que te conoce y te ofrece empleo es la siguiente con el 5,0%. Las listas en los centros de enseñanza o de formación laboral le van a la zaga, con un 3,7%. Cabe suponer que las diferencias por instituciones o centros serán grandes entre las distintas profesiones, pero es un dato que no se dispone. Le siguen las oficinas privadas de empleo, con un 3,6%. Luego aparece un cajón de sastre, que junto a los que no saben suponen el 9,3%.

¿Y el servicio público de empleo? Si, faltaba, porque va en último lugar, con un 2,5%. Es decir que de cada 1.000 nuevos asalariados, sólo 25 han circulado por la oficina pública. Es evidente que algo no funciona en absoluto. Quien busca trabajo, se apunta pero sabe que debe espabilarse por otro lado y los empresarios no acuden a él. Por ello, no extraña que la CE pida un cambio drástico en su funcionamiento y su efectividad. Otra cosa que no sabemos es cuanto nos cuesta a todos mantener este sistema público de empleo. Pero, bien mirado, quizás hoy sea mejor no saberlo…