Un 67% de los jóvenes cree que seguirá en su empleo en los próximos 6 meses: un salto de optimismo

 

El análisis sobre el nivel de confianza de los profesionales en su empleo – que realiza Randstad a nivel mundial- revela que el 69% de los ocupados en España confía en mantener su actual puesto de trabajo durante los próximos seis meses. Se trata de la mejor cifra de los últimos cuatro años y supone un crecimiento de un punto porcentual con respecto al mismo periodo de 2016. Si se analiza la serie histórica, se observa que en 2014 el nivel de confianza registró su peor cifra durante el segundo y el tercer trimestre (57%). A partir de este momento, el optimismo de los profesionales se mantuvo entre el 61% y el 64% durante 2015, para luego crecer hasta el 68% a comienzos de 2016. Durante el tercer trimestre de ese año, la confianza descendió hasta el 63% para después aumentar hasta alcanzar el 69% en 2017.

Parece, pues, que la mejora de la economía está llegando a la gente, por lo menos a la gente que tiene trabajo. Los profesionales lo notan y están más tranquilos en su puesto de trabajo y mejora su optimismo. Y una gente más optimista, trabaja más y mejor, lo cual redunda en el clima laboral, en la productividad del equipo y, al final, en los resultados de la empresa. El círculo virtuoso se pone en marcha. O, por lo menos, empieza. Y eso es muy bueno.

¿Campanas al vuelo? No, todavía. De los 19 países dónde se realiza la encuesta, España está en el 13, por debajo de la media que es del 74% y lejos de los países punteros, como Austria, con el 82%. Queda camino por recorrer y ver que por debajo están Italia (61%) y Grecia (56%) no debe servir de consuelo.

Además, siempre hay algo que sorprende. En este caso es el optimismo de los ocupados menores de 25 años con un 67%, siendo además el grupo de trabajadores que más crece con respecto al mismo periodo de 2016. El optimismo entre los profesionales más jóvenes ha crecido casi 20 puntos porcentuales en el último año. Quizás en este salto es donde más se refleja la percepción de mejora en la economía. No olvidemos que este segmento de empleados acostumbra a ser siempre el más castigado por la temporalidad. El hecho de que haya este salto tan optimista indica que su visión a medio plazo desde su puesto de trabajo ha mejorado y prevén una mayor continuidad en su empleo. Esta sería una gran noticia.

Otra sorpresa es que, por nivel de estudios, los trabajadores con educación primaria son los que registran un mayor optimismo (74%) de cara a mantener el trabajo, seguidos de los ocupados con estudios secundarios (72%) y superiores (66%). Aquí la explicación es más complicada, ya que también es el segmento que tiene un mayor nivel de temporalidad y, probablemente, perciban que la mejora les va a sacar del pesimismo en que han vivido los últimos años.

Sea como sea, que esta percepción de recuperación económica la hayan interiorizado los profesionales, es un paso importante. Ahora falta que se además de estar más seguros en la empresa, pronto tengan nuevos compañeros…

¿Por qué mienten las empresas?

Tenemos muy fresco el caso Bankia, en el que se ha mentido a los accionistas. La imputación del Consejo y del auditor, junto a la exoneración del supervisor –Banco de España- y CNMV, es cuando menos discutible como ya se comentó en un anterior post (10-5-2017).  El caso Bankia es uno más entre muchos. Empresas como Abengoa, Pescanova… se han hundido y podríamos citar un montón de corporaciones que han mantenido el engaño en sus cuentas durante muchos años. ¿Qué pasó si no en las cajas de ahorros? ¿Puede el mercado funcionar sin estar seguro de la fiabilidad de los números de las empresas? La respuesta es que sí, que puede funcionar, pero lo hace mal y con efectos nefastos al cabo de un tiempo.

Lo cierto es que para tomar decisiones de tipo financiero, como puede ser la compra de acciones, la solicitud de un préstamo o la evaluación de una inversión, es imprescindible tener toda la información financiera de las empresas. También hay muchas decisiones en materia de marketing, recursos humanos, tecnología o cualquier otra dimensión de la empresa en la que el conocimiento de la situación financiera es decisiva. Por todo ello, es básico que las cuentas sean fiables, ya que, si no, se pueden tomar decisiones erróneas por una mala evaluación de la situación en la que se encuentra la compañía.

Sin embargo, con demasiada frecuencia se producen problemas de fiabilidad contable. El maquillaje contable, por lo tanto, es un problema que preocupa, lo cual hace que aumente el interés por detectar engaños antes de que sea demasiado tarde. El catedrático Oriol Amat acaba de publicar  “Empresas que mienten” (Profit Ed. 2017), donde describe y analiza la naturaleza de los maquillajes contables y sus motivaciones y propone diversas técnicas para detectar estas prácticas.

La importancia del libro es que afronta un caso muy extendido. Demasiado. Diversos estudios internacionales –la mayoría realizados por empresas auditoras- muestran que entre el 10% y el 20% de las compañías cometen prácticas ilegales, un porcentaje que sube hasta el 50% si se suma lo qué Oriol Amat llama “contabilidad interesada”, aquella que sigue la legislación pero que no deja de ser un engaño.

En realidad, el engaño está generalizado y es independiente del tamaño de la empresa, si bien cambia la motivación, según el mismo. La empresa pequeña engaña para pagar menos impuestos o para conseguir que el banco le dé un préstamo, y a menudo lo justifica diciendo que la alternativa era cerrar. En el caso de la empresa media o grande, se intenta esconder un deterioro de las cuentas para evitar un impacto negativo en la cotización o la pérdida de los bonus para los directivos. Amat da mucha importancia a este punto. “La clave es ver qué parte del sueldo es variable, porque si estamos hablando de un 20% o un 30% no me preocupa, pero si la parte variable es tres veces la fija el tema cambia. Y también es importante saber sobre qué calculas el bonus, porque no es lo mismo si lo haces sobre la satisfacción del cliente que si lo haces sobre un beneficio inmediato”, comenta en una entrevista que hoy publica el Punt Avui.  “Lo que queda sólo al alcance de las grandes corporaciones es desviar dinero en los paraísos fiscales”, añade.

Desde su punto de vista, los fraudes se producen básicamente por una cuestión de motivación, ligada al deseo de la gente de más riqueza, en definitiva a los valores. “Y desde el 2008 no hemos mejorado en eso ni a tener una justicia más contundente, así que cuando vuelva a venir otra crisis volverán a salir a la luz fraudes. No hemos aprendido mucho”. Lamentable.