Airbnb paga 55.000 euros de impuestos en España. Es legal, pero, ¿es lícito?… y es solo un ejemplo

 

Según los datos elaborados a partir de Eurostat, los ingresos públicos de España en 2015 están al nivel de 2000: en torno al 38% del PIB. Esta cifra está muy lejos del 45,5% del PIB de la media de la Unión Europea y, además, supone una caída de casi tres puntos desde 2007. Ese es el gran problema de España, aunque nos vendan que gastamos demasiado. Durante la crisis hemos ajustado hasta tocar hueso. Tenemos un estado del bienestar de segunda división y el problema es que no recaudamos bastante, a pesar de que la actividad mejore. ¿Qué pasa? ¿Tenemos tipos impositivos más bajos que nuestros vecinos? NO, simplemente la efectividad de recaudación es muy baja. Los que pagamos, pagamos más que nuestros vecinos, pero hay más gente que no paga o paga menos de lo que tocaría. Por un lado, está la economía sumergida que se estima en una cifra alrededor del 20% del PIB, luego los tipos reales de muchas empresas grandes –siempre hablamos del Ibex, pero son más- que, gracias a las desgravaciones, acaban siendo mucho más bajos y, por supuesto, todo el dinero que escapa a través de las multinacionales, a base de argucias legales, pero no legítimas. Europa parece ponerse seria en este punto, harta de que el dinero acabe convergiendo en Irlanda y Luxemburgo, principalmente, donde la tributación es más baja, y, en casos, “a medida”.

Hoy he leído un artículo en El Economista sobre el tema que no explica nada que no supiéramos, pero pone el dedo en la llaga y escuece. Pone un ejemplo que es diáfano. Según el diario, en 2016, 5,4 millones de personas utilizaron Airbnb para hospedarse en España. La plataforma tiene colgados unos 187.000 anuncios de viviendas para alquilar y, según sus propios datos, los anfitriones o dueños de las casas generaron 560 millones de euros en ingresos. De esta facturación, Airbnb se lleva un 3% de comisión, a lo que hay que sumar el 10 ó 12% que cobra al huésped por cada reserva. Es decir, la plataforma digital generó decenas de millones de euros en España el año pasado, pero sólo pagó 55.211 euros por el impuesto de sociedades, tras reconocer una facturación de apenas 2,92 millones de euros por trabajos de promoción y marketing, que le paga la filial irlandesa Airbnb Ireland.

Así, la multinacional online factura sus ingresos españoles a través de la firma en el Tigre Celta, donde centraliza su negocio europeo debido a los menores impuestos. La estructura que usa Airbnb en la UE, que es totalmente legal, es la misma que utilizan la mayoría de las grandes plataformas digitales que operan en nuestro país y da cuenta de la cantidad de ingresos que se le escapan al fisco cada año…

El mecanismo es bien conocido. Se basa en presentar como meras comisionistas a las filiales establecidas en países como el nuestro. En consecuencia, no tienen más ingresos declarados que los pagos, por prestación de servicios, que reciben de sus matrices, registradas en Estados de baja tributación como Irlanda. Se dan así situaciones insólitas como que las nueve principales empresas del sector, en 2015, pagaron a la Hacienda española sólo 2,8 millones en total.

Hace tres años estalló el Luxleaks, ¿os acordáis? Se destapó que unas 350 grandes empresas, entre ellas Pepsi, Ikea, AIG, Fiat, Amazon, JP Morgan, Heinz, Burberry, PIMCO o Deutsche Bank, habían firmado acuerdos secretos con Luxemburgo para rebajar sus impuestos, de acuerdo con documentos obtenidos por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ).

Algo se ha avanzado desde entonces, pero no suficiente. Las reticencias y frenos de todo tipos son grandes porque las grandes empresas tienen mucho a perder. Si esperamos a que Bruselas lo arregle… Los consumidores tenemos algo que decir. Si la lista de empresas que no pagan aquí los impuestos sobre beneficios que generan aquí, pues se dejan de lado y punto. Si hubiera una campaña bien montada y se concienciara al personal que comprar en X implica menos dinero para la sanidad, seguro que compraríamos en Y. Este camino sería el más rápido ya que las correcciones vendrían de las propias empresas y no se precisarían legislaciones nuevas ni advertencias gubernamentales. Pero, no es fácil, porque los consumidores no hemos adquirido todavía conciencia del poder que tenemos si somos capaces de organizarnos.

 

Los padres, ¿preparan a sus hijos para la empleabilidad? No es tan difícil…

 

La Fundación Bertelsmann se dedica a promocionar la Formación Dual y la empleabilidad de los jóvenes en España, de la mano de su presidente, Francisco Belil.  En su web encontrarás colgados una serie de artículos sobre el título genérico de ¿Cómo orientar profesionalmente a tu hijo? En el tercer apartado –Educar para la empleabilidad- hay u excelente artículo de los profesores Mario Pena Y Natalio Extremera sobre las Competencias socioemocionales y la empleabilidad. En estos momentos son muchos los padres que están angustiados ante el futuro que les espera a sus hijos. Ven que se dicen muchas cosas, no saben si se hace mucha ciencia ficción sobre el mañana y el desconcierto está servido. Ello acrecienta un error en el que se cae muy a menudo. Es importante que se tenga mucho conocimiento, pero casi lo es más que las personas tengan empleabilidad. Y aquí entran los aspectos socioemocionales. He entresacado una parte del artículo (lo podéis hallar completo en la web de la Fundación). Espero que os interese.

 

Los padres estáis preocupados porque vuestros hijos tengan la mejor educación posible y se matriculen en un Ciclo Superior de Formación Profesional, FP Dual o una Universidad de excelencia, mientras que dejáis de lado aspectos socioemocionales básicos. Tanta especialización ya sea en los cursos de FP como en la formación universitaria está provocando que olvidemos los conocimientos y habilidades que son comunes a cualquier persona y que constituyen la base inherente de un «gran profesional». Por ejemplo, saber reconocer a los demás (decir «buenos días», «¿qué tal la semana, Luis?»); saber apreciar el valor de los demás en su labor («has hecho un gran trabajo»); reconocer que no siempre somos perfectos («admito que el error fue mío»); apreciar los conocimientos y aptitudes de los demás («¿cuál es tu opinión?»); reconocer el trabajar en equipo («nosotros hemos conseguido») más que el individual («yo lo conseguí»); ser educado en el trato con las personas («¿me podrías hacer este favor?»); valorar y reconocer la ayuda de los demás («muchas gracias por tu colaboración»), etc.

 

En todas estas expresiones y conductas habituales subyace una serie de habilidades y competencias socioemocionales básicas para navegar por el complejo mundo de las relaciones interpersonales. Deberían convertirse en asignaturas troncales en los planes de estudios, especialmente en aquellas carreras profesionales que conlleven el trabajo dentro de un equipo o de cara al público.

 

Durante la formación académica previa de vuestros hijos, antes de empezar la ardua labor de buscar trabajo, los padres debéis cultivar y estimular sus competencias socioemocionales, pues son habilidades clave para facilitar su empleabilidad. Este conjunto de habilidades determinan la forma de trabajar, la actitud hacia el empleo y la vida, o el modo de relacionarnos con los demás. En la actualidad, las empresas las consideran un valor al alza entre sus miembros, pues distinguen al trabajador excelente del trabajador medio. Las investigaciones en psicología del trabajo están poniendo de manifiesto que determinadas competencias y habilidades no sólo contribuyen de forma importante a la inserción laboral sino que, posteriormente, hacen que el rendimiento de un trabajador sea muy superior al de otro con los mismos conocimientos técnicos pero sin las citadas capacidades.

A este respecto, un número considerable de estudios indican que las habilidades emocionales, las competencias sociales, los niveles de empatía, el potencial para trabajar de forma armoniosa en equipo y la resistencia ante la adversidad, entre otras, son características personales que determinan en gran medida la empleabilidad de una persona. Como puede observarse, muchos de estos factores son competencias y destrezas que se adquieren a través de la experiencia directa, el aprendizaje vicario (por imitación de modelos valiosos) y/o el aprendizaje por medio de instrucciones durante el proceso de socialización en casa y en el aula. Como veis, disponemos de un considerable margen para la educación y la formación dirigida a desarrollar todas estas estrategias. Además, nos gustaría resaltar que estas habilidades emocionales no sólo ayudan a encontrar trabajo más rápidamente; también nos conceden más opciones de promocionar y ascender dentro de la organización. Asimismo, nos facilitan mantener el puesto en un mundo laboral cambiante y dinámico que requiere de personas fluidas y «flexibles» que se adapten.

No olvidemos tampoco que estas habilidades actúan como factor protector o de resistencia, lo que se asocia a menos bajas laborales, menos víctimas del malestar o tensión en el trabajo, menor aparición del síndrome de burnout («estar quemado»), menor cantidad de depresión y de todas las enfermedades psicosomáticas asociadas al estrés laboral crónico. Por todo ello, educar en competencias sociales y emocionales a vuestros hijos, aunque apenas requiera de esfuerzo en el día a día, puede ser una de las inversiones laborales más seguras y de mayor futuro para su empleabilidad…