¿Sabías que un 24% de les empresas barcelonesas industriales ya exportan sus productos?

El esfuerzo de las empresas barcelonesas (y catalanas) por exportar sigue siendo relevante. Ya no vale decir que es para compensar la debilidad del mercado interno. Saben que la apertura es necesaria si quieren tener recorrido de futuro. El 8,1% de las empresas de la demarcación de Barcelona han exportado durante el año 2016. El porcentaje de empresas que exportan sobre el total de empresas de la demarcación de Barcelona ha aumentado progresivamente en los últimos tres años: 7,3% en el 2014, 7,6% el 2015 y 8,1% en el 2016. Por cierto, casi la cuarta parte de empresas industriales están ya en ello… Es una de las muchas conclusiones del informe Las empresas exportadoras en la provincia de Barcelona: un análisis comarcal es uno de los últimos realizados por el Gabinet d’Estudis Econòmics i Infraestructures, Cambra de Comerç de Barcelona. (Para más información, lo podéis encontrar en la web de la Cambra).

Un hecho destaca por encima de los demás: estos porcentajes varían sustancialmente según el sector de actividad y la dimensión de la empresa, por volumen de facturación o número de trabajadores. Son los dos factores clave. Así, se observan grandes diferencias entre el porcentaje de empresas exportadoras en la industria y en el sector de servicios. Como es lógico, el porcentaje de empresas exportadoras es mucho más elevado en el sector industrial que en el sector servicios (24,1% y 6,7%, respectivamente), ya que los productos manufacturados son especialmente susceptibles de ser objeto de intercambio comercial con el exterior y, por lo tanto, concentra una gran parte de las exportaciones.

En cuanto a la dimensión de la empresa, cuanto mayor es la empresa, más elevado es el porcentaje de empresas exportadoras, tanto en facturación como en número de trabajadores. Así, casi dos de cada tres empresas que tienen una facturación anual de más de 10 millones de euros son exportadoras (el 60,7%) y casi el 50% de las empresas con 50 trabajadores o más venden en el exterior.

El destino de las ventas tiene un claro predominio europeo. Así, el conjunto de Europa concentra el 63% de los destinos de las empresas exportadoras de la provincia de Barcelona. América ha sido la segunda destinación y Asia, la tercera (con el 17,7 y el 12,3%, respectivamente). Finalmente, África y Oceanía se han convertido en continentes casi residuales, con un 5,9 y un 1,3% del total de destinaciones de las ventas en el exterior, respectivamente.

El informe destaca también que la distribución del tejido empresarial según el sector de actividad y la dimensión es muy diferente entre las empresas exportadoras y el total de empresas de la demarcación de
Barcelona. Eso se debe al hecho que las empresas exportadoras tienen un peso predominante en el sector industrial y más elevado a medida que aumenta la dimensión de la empresa.

Así, en comparación con el conjunto de empresas de la provincia de Barcelona, las empresas  exportadoras se han caracterizado por tener un peso relativo bastante inferior en el sector terciario (el 59,8% en comparación con el 73,5%) y mucho más elevado en el sector secundario (el 37,1% en comparación con el 12,7%).

En cuanto a la facturación, las empresas que facturan menos de 2 millones de euros representan el 44% de las empresas exportadoras, casi la mitad que en el conjunto de empresas (86%). Por el contrario, las empresas que facturan más de 2 millones de euros son el 56% de las empresas exportadoras, respecto de sólo el 15% en el total de empresas.

Como es lógico, las microempresas y pequeñas empresas tienen una presencia relativa mucho menos importante entre las exportadoras que en el conjunto del tejido empresarial (el 42% respecto del 76%). Y, en cambio, la concentración de empresas medias y grandes (a partir de 10 trabajadores) es mucho más elevada entre las exportadoras que en el total de empresas (el 58% respecto del 24%).

Por último,  en  2016, la comarca barcelonesa con un porcentaje de empresas exportadoras más elevado es el Vallès Oriental (12%), seguida del Vallès Occidental, el Baix Llobregat, la  Anoia y el  Alt Penedès (del 10,6 al 10,4%). En cambio, el Garraf es la comarca con el porcentaje más pequeño de empresas que venden en el exterior, con el 4,4%, seguida del  Berguedà con el 5,4%.

Los datos son alentadores, pero para mí, como analista, lo más importante es el trabajo que está realizando la Cambra en el sentido de llenar los muchos huecos estadísticos que tenemos en Cataluña. Sin conocer a fondo la estructura económica sobre la que nos movemos resulta imposible adoptar las medidas necesarias para apoyar o corregir las situaciones que vayan apareciendo. ¡Felicidades!

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¿Tienes la sensación de trabajar rodeado de incompetentes?

 

Una de las palabras que más leemos hace años en los diarios es que fulano o mengano son unos incompetentes. La incompetencia se ha alzado como uno de los males de nuestra sociedad, quizás acompañada de la mediocridad, de la cual es pariente cercana. En política, no digamos, y en la empresa, las quejas son habituales entre los empleados al referirse a sus jefes y también entre los jefes al hablar de sus empleados. Es la palabra que NO debería estar de moda y lo está. La incompetencia de ha adueñado de todo. Vivimos rodeados de incompetentes, ¡qué sensación más desagradable!

Pero, cuidadito, ¿recuerdas aquello que nos enseñaban de pequeños de ver la paja en ojo ajeno y no la viga en el nuestro? Pues no vayamos a caer en la trampa. Mira, cuantas veces no habrás pensado en una reunión de trabajo: ¡Dios mío, que cantidad de incompetentes tengo a mi lado! Es tu juicio desde tu propia perspectiva. Pero puede que alguno de ellos te mire y esté pensando lo mismo de tí. Es su perspectiva. Cuidado, pues, con los juicios sobre la incompetencia, porque estamos en un terreno muy resbaladizo. En el fondo todos tenemos nuestra parcela de incompetencia. Cuesta reconocerlo, sí. Por ello es necesario hacer un acto de humildad, reconocerla y trabajar para mejora, aunque no es algo que guste hacer, ni, por supuesto, que se ponga demasiado en práctica.

Recuerdo que hace unos años leí un libro sobre esto que me gustó y le dediqué un artículo. Se llamaba Gestión de incompetentes (Libros de Cabecera, 2010), en el que su autor, Gabriel Ginebra, presentaba el repertorio de las diez incompetencias que consideraba fundamentales, ordenadas desde la más leve (irrelevante) a la más grave (incapacidad). El espíritu que lo impregnaba, ante todo, era el de no descartar apresuradamente a nadie. Iba destinado a directivos de empresa y cómo actuar ante los empleados incompetentes. “Al último estadio, que coincide con el del descarte, no debería llegar más del 15% de los presuntos incompetentes. En cada caso planteaba un título caricaturesco que responde a una clasificación analítica (no puede, no sabe, no quiere…). Veamos cuales son y si alguno es extrapolable, eso ya queda a tu juicio!

1. Peccata minuta. “Diagnosticamos nimiedad (incompetencia irrelevante) con los problemas que más vale dejar correr por alguna razón. Ante la peccata minuta, la acción más eficaz es olvidar, pasar por alto el incidente”. 

2. El despistado feliz. “Podemos tener un empleado que trabaja mal, que no es consciente de ello y que vive feliz. Su problema está en su zona ciega, no lo ve. En ese caso la acción directiva pertinente es advertirle de la existencia del problema”. 

3. El hiperactivo miope. “Puede que el empleado intuya que la cosa no marcha y que no entienda lo qué está haciendo mal. No sabe dónde se equivoca exactamente y cómo reaccionar. Lo correcto en este caso es explicar”. 

4. El teórico. “Algunos entienden bien en qué consiste el trabajo, pero no saben cómo hacerlo. Es la tendencia academicista que algunos directivos no pueden o no saben quitarse de encima. En ese caso, la acción directiva eficaz es dar ideas y ayudar a concretar”. 

5. El torpe. “A veces confundimos el saber cómo hacer con el saber hacer. Nuestro entorno empresarial está poblado de expertos que adoctrinan sobre cómo deben trabajar los demás, aunque ellos no lo saben hacer. Para saber hacer, es imprescindible practicar”. 

6. El asfixiado. “Más empleados de los que reconocemos no cumplen porque no tienen suficiente tiempo, medios o apoyos. Si encontramos empleados asfixiados, superados por las circunstancias, la solución es conseguir recursos”. 

7. El caradura y el bobo. “Hay empleados que entienden, pueden y saben trabajar bien, pero no les compensa hacerlo. No sacan nada positivo por actuar bien, ni pasaría nada malo si actuaran mal. Contra los caraduras hay que retirar las consecuencias positivas de trabajar mal. Hay bobos que salen perjudicados por trabajar bien. Les pasan más trabajo y pueden equivocarse más. Hay que eliminar las consecuencias negativas de trabajar bien”. 

8. El distraído. “La falta de rendimiento laboral puede proceder de razones extralaborales. Cuando un trabajador está lastrado por este tipo de problemas personales la solución es apoyar o esperar”. 

9. El deprimido y el pasota. “Hay que distinguir dos tipos de desmotivados: los que no quieren, pero pueden y saben (pasotas y rebotados), y los abatidos, que piensan que no pueden ni saben. A los primeros hay que exigirles, mientras que a los segundos, toca animarles”. 

10. El incapaz. “Llegamos al final del repertorio y hemos agotado las hipótesis disculpatorias y seguimos sin encontrar una explicación convincente de lo que le pasa a nuestro personaje. Llega el momento de pensar que a esta persona le falta capacidad para el puesto. La decisión eficaz será eliminarle o reubicarle”.